Todo empezó con una canción muy pegajosa, de esas que uno escucha una vez y repite sin parar durante varios días, de esas que te persiguen en la calle, en el baño, en todas partes; una canción que uno quería bailar así no fuera su propósito, como esas canciones de Disney que todos tarareamos hasta viejos sin darnos cuenta.

Canción a la que muy pronto se unieron un montón de simpáticos personajes, simples, de colores llamativos, de esos que quieres y no sabes muy bien por qué, que dan ganas de abrazarlos, de comprarlos en su versión peluche y llenar tu cuarto con ellos. Color, música, baile, ternura… Todo parece estar muy bien, hasta que empiezan a sangrar, se los comen las pirañas, los muerde una serpiente o los atropella el tren. Un montón de situaciones absurdas y bizarras que misteriosamente combinan muy bien con tanto color y ternura.

Pero… ¿De qué se trata todo esto? Nos preguntamos en su momento; parecía una nueva serie animada de Cartoon Network, esas que cada vez se volvían más extrañas, explicitas y violentas; pero no. Era una campaña de comunicación pública; sí, como lo leen COMUNICACIÓN PUBLICA. La misma que se vuelve paisaje, que es fría, rígida, y que para ser muy honestos, pocas veces cumple con su propósito.

Así fue como conocimos “Dumb Ways To Die”,  esta historia que nace en Melbourne de las manos de McCann con un objetivo muy claro: hacer que todas las personas tomaran conciencia de las precauciones que debían tener cerca de las vías del tren, para así evitar accidentes, que aunque algunas veces resultan absurdos, casi siempre son mortales.

Una idea muy original que podría haberse quedado en este video, una buena campaña de promoción en redes sociales y medios tradicionales y listo; pero los creativo detrás de esto sabían que había mucho material, que no se podía quedar ahí, que el mensaje estaba calando, que la mezcla entre la canción pegajosa y los muñequitos divertidos, tenía su encanto. Y había que explotarlo. Ahí es donde la transmedia entra a hacer magia.

Si nos detenemos a mirarla la historia no es muy compleja que digamos; tiene varios personajes que afrontan las maneras más absurdas de morir, y ya; sin mayores tramas, interacciones ni derivaciones narrativas; pero el material es lo suficientemente potente para llevarlo a otros escenarios e ir complementando el cuento.

Así nace el primer aplicativo móvil de  Dumb Ways To Die, un juego que permitía interactuar con cada uno de los personajes y sus absurdas situaciones para intentar evitar su muerte. Un éxito; al punto de que hoy ya encontramos 2 versiones del mismo en las tiendas de aplicaciones para iOS y Android. Y la historia no termina allí…

Hoy, 4 años después del lanzamiento de la campaña, la narrativa continúa; sus aplicativos se mantienen vigentes con actualizaciones constantes que mantienen a los usuarios enganchados, y se siguen contando micro-historias independientes a través de sus presencias en redes sociales como Facebook y YouTube; como es el caso de la navidad del año pasado donde sacaron esta serie de videos relacionados con las festividades:

Incluso ahora puedes personalizar tu “bean” (así se llaman los particulares personajes) y tener tu propio avatar dentro del universo narrativo de la campaña. Y para los verdaderos fanáticos… ¡Ya existe una tienda online para comprar productos con los personajes de la campaña!

Casos como este nos demuestran que el storytelling y la transmedia se pueden aplicar perfectamente a diferentes escenarios de la comunicación, que las narrativas desde que sean creativas son lo suficientemente poderosas para crear universos complejos para transmitir mensajes de alto impacto como este.

Esperamos que esta sea la inspiración para la comunicación pública en todo el mundo, un llamado a valernos de recursos divertidos, incluso cuando se trata de hablar de cuestiones de vida o muerte.

By | 2017-03-27T12:46:57+00:00 Marzo 27th, 2017|blog|0 Comments